Efectos sobre
el estilo de vida

 

 

 

 

 

 

EFECTOS SOBRE EL ESTILO DE VIDA


Un estudio reciente realizado en Norteamérica demostró que, en los últimos diez años se ha reducido el número de mujeres que consideran la maternidad como el aspecto más agradable de ser mujer. Por el contrario, el número de quienes encuentran más satisfacción en el trabajo ha aumentado.

A medida que la mujer ha analizado cada vez más su posición en la sociedad, durante esta última década, y ha decidido ser más independiente que antes, con la ayuda de métodos anticonceptivos confiables, son menos las que ven la función de esposa y madre como la opción primordial y determinante en la vida. La inversión de mayor tiempo en una carrera también significa que un mayor número de matrimonios están optando por tener familia a edad más avanzada. Estos dos hechos han llevado a que muchas señoras ya no tengan hijos o se conviertan en madres por costumbre o por accidente. En la mayor parte de los casos, la decisión de ser madre y tener hijos es producto de una sensata reflexión. De todas maneras, la mayoría de nosotros condenaríamos una idealización incuestionable de la maternidad, según la cual la sociedad la consideraría esencial para la realización plena.

Algunas mujeres, que llegan a cierta edad y temen que esté disminuyendo su fertilidad, pero no han encontrado una pareja con quien deseen organizar una familia, consideran la posibilidad de hacer de padre y madre a la vez. Si deciden tomar esta decisión y conciben un bebé, generalmente son admirables por su entereza y están suficientemente preparadas para enfrentar los problemas. Para ellas la maternidad es una condición voluntariamente elegida y no impuesta por el azar.


Preocupación por la responsabilidad

Cuando nos detenemos a analizar los cambios en el estilo de vida, el posible trastorno de una relación feliz, las concesio­nes y adaptaciones que impone la llegada del bebé, resulta más fácil comprender la decisión de no tener hijos. Al pensar en la responsabilidad de ser padres, muchas personas sienten temor, y su ansiedad es lógica. Es natural preocuparse por la crianza del niño, así como por su felicidad, si las cosas no salen bien. Vendrán las presio­nes económicas, el problema de reanudar la carrera y la posible frustración debido a la pérdida de libertad. En muchas parejas existen dos ingresos, y el embarazo puede significar que durante algún tiempo tendrán que arreglárselas solamente con uno. No todo el mundo disfruta el hecho de dejar de ser una persona libre y es muy normal que usted cuestione su capacidad para sentirse siempre tierna y amorosa hacia su bebé. En la vida cotidiana vivimos acosados por muchos sentimientos negativos como resentimiento amargura, irritación, mal humor, misantro­pía, y no existe ninguna razón para pensar que la presencia del bebé acabará con estos sentimientos.

Quizás cuando tenemos un hijo es cuando nos percatamos de todo lo que se espera de nosotros. Durante los primeros años, el bebé acepta todo de manera más o menos inconsciente. Pero una lección que he aprendido es que cuanto más demos más recibiremos en el futuro a medida que nuestro hijo crece.

 

El papel del padre

El papel del padre moderno también ha cambiado. Es cada día más frecuente ver a padres que se toman la paternidad muy seriamente y no están dispuestos a ser unos extraños para sus hijos. Durante muchos años los hombres permanecieron alejados del embarazo y del cuidado diario de los hijos debido a la idea de que se trataba de cosas de mujeres en las que no tenían cabida. Las madres liberadas han impulsado a sus cónyuges liberados. Estos padres ahora sienten libertad para satisfacer todos sus instintos paternales y desean participar con su pareja en el embarazo y el parto y disfrutar de todas las tareas del desarrollo de sus hijos. El padre moderno es más activo. Incluso durante sus primeros años, su hijo lo recompensará con momentos irreemplazables de placer, posiblemente de orgullo y, con el correr de los años, le brindará horas de compañía, amor, consuelo y felicidad.

La mayoría de los padres que se muestran profundamente interesados durante el embarazo, conservan ese mismo interés después del nacimiento del bebé. Los estudios han demostrado que el hombre se siente más unido a su hijo cuanto mayor sea la frecuencia con que lo haya tenido en sus brazos durante las primeras seis semanas de vida y cuanto más receptivo haya sido al llanto del bebé. Su actitud también se ve afectada por la alegría que sienta la madre por su embarazo y maternidad. Cuanto más feliz se sienta un padre por el embarazo de su pareja y cuanto mayor sea su deseo de disfrutar la paternidad, mejor sabrá aprovechar las primeras semanas de vida del bebé.

 

Compartir responsabilidades

La mayoría de las parejas se muestran de acuerdo que tanto el padre como la madre deben ser iguales y en que se deben compartir equitativamente las responsabilidades de cuidar y educar a los hijos. Cuando decidan tener un hijo, usted y su pareja deberán considerar esta decisión como un contrato: un contrato que les imponga a los dos igual responsabilidad en la crianza de ese hijo que han concebido. Deben tratar de dialogar y acordar las funciones que cada uno deberá desempeñar. La mujer ya no quiere ser la única niñera y quedar recluida en un hogar de horizontes e intereses limitados, mientras que el padre sale temprano para regresar solo cuando el bebé está dormido. Día a día es menor el número de mujeres que prefieren ceñirse a tal tipo de arreglo. Estos son algunos de los puntos que deben quedar claros antes de que nazca el bebé, si desean proporcionarle un ambiente feliz y estable para su educación.

 

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