Fecundación e
Infertilidad
FECUNDACIÓN
Por regla general, la fecundación sucede aproximadamente una semana después de terminada la menstruación o 14 días después del comienzo del último periodo menstrual. Transcurridos de 7 a 10 días, el huevo fecundado se implanta en la pared del útero. Una semana más tarde está firmemente adherido a través de su placenta primitiva, que une al embrión en desarrollo con su madre. La placenta es el órgano a través del cual pasan el alimento de la madre al hijo, y los desechos del hijo a la madre. Es un órgano absolutamente vital para el embarazo porque produce las hormonas destinadas a mantener la salud del feto, el útero y los órganos genitales de la mujer, y a preparar el cuerpo de la madre para el parto y el nacimiento.
El óvulo es fecundado cuando ha recorrido cerca de una tercera parte de la trompa de Falopio, por un espermatozoide depositado en la vagina tras la eyaculación. Unos cuantos segundos después de que se provoca la eyaculación, los espermatozoides, invisibles a simple vista, se movilizan agitando sus colas en forma de látigo. Este movimiento los puede sacar a máxima velocidad del medio vaginal ácido para llevaría hasta el cuello uterino, que se ha tornado más liquido durante la ovulación e invita a entrar en la cavidad uterina. En pocos segundos, los espermatozoides cruzan útero y entran en la trompa de Falopio. Los espermatozoides son atraídos químicamente por el óvulo, comparativamente enorme, y se adhieren como lapas sobre toda su superficie. Sin embargo, solamente un espermatozoide perfora la capa exterior del óvulo. Instantáneamente el huevo pierde su atracción, su capa exterior se endurece y los espermatozoides sobrantes se despegan. Todo este proceso desde la eyeculación hasta la fecundación generalmente dura menos de 60 minutos.
El óvulo maduro sobrevive solamente cerca de 12 horas, 24 como máximo, y tos espermatozoides conservan su capacidad de fecundación durante 24 horas, con un límite de 36 horas. Por lo tanto, es improbable que haya fecundación a menos que el acto sexual tenga lugar uno o dos días antes o inmediatamente después de la ovulación. Solamente la cabeza del espermatozoide se une con el óvulo para formar una sola célula, ya que el cuerpo y la cola se pierden.
La célula se divide en dos en las primeras 24 horas y al cuarto día es una masa esférica constituida por más de 100 células. Durante los tres primeros días, esta masa celular flota libremente en la cavidad uterina, y se nutre con la "leche" uterina secretada por las glándulas de las paredes del útero. AI cabo de la primera semana de vida ha penetrado profundamente el revestimiento — esto se denomina implantación — etapa durante la cual se baña continuamente en una fuente de sangre de la madre, que facilita el paso de alimentos y desechos hacia y desde el embrión. Hasta la octava semana del embarazo, el bebé en desarrollo se conoce como embrión. Después de este tiempo se denomina feto, que en latín significa "joven".
INFERTILIDAD
De 10 millones de mujeres en edad reproductiva en Gran Bretaña, cerca de un millón son subfértiles e ineptas para tener hijos. Esta relación de uno a diez es bastante constante en los países occidentales. Sin embargo, la infertilidad no atañe independientemente a una persona sino a la pareja como unidad.
La fertilidad del uno no se puede separar de la fertilidad del otro y de la de la pareja. En ciertas circunstancias, la elevada fertilidad de un miembro de la pareja puede compensar la baja fertilidad del otro. Por otra parte, una fertilidad marginal en los dos puede llevar a la esterilidad de la pareja. Esto explica la paradoja de una pareja sin hijos que se separa y puede tener hijos sin dificultad cuando establecen una nueva unión.
Infertilidad femenina
En la mujer, uno de los factores determinantes de la fertilidad es la edad. La fecundidad comienza a disminuir a partir de los 25 años aproximadamente.
Después de los 45 solamente son ovulatorios la mitad de los ciclos de una mujer, de tal manera que tiene solo la mitad de los períodos fértiles que tenía cuando era más joven y, por consiguiente, la posibilidad de embarazo se reduce considerablemente. El descenso de la fertilidad masculina es más gradual. Es igual al de la mujer a los 20 años y disminuye lentamente hasta un 10% alrededor de los 60 años.
En muchas mujeres, el deseo de tener hijos puede ser intenso y abrumador.
Muchas veces se enferman a causa del anhelo de concebir. Comprendo este deseo incontrolable. También yo fui infértil — en cierto sentido — entre el nacimiento de mi primer hijo y el segundo. Cada mes buscaba en mi cuerpo los signos de la menstruación y me sentía morir de tristeza cuando llegaba. Estaba tan obsesionada y deprimida como cualquier mujer que no puede tener hijos. Solo después del primer año, tras haberme obligado a tomar las cosas con calma, ocurrió la concepción.
Los obstáculos a la fertilidad pueden ser de origen físico, psicológico y emocional. Para muchos se trata de un tema difícil y bochornoso, pero si como pareja desean una investigación sobre su subfertilidad, será necesario buscar la ayuda de un médico, un consejero matrimonial o un psiquiatra. Esto significa que los dos tendrán que abordar temas delicados abierta y sensatamente.
El estudio de la infertilidad de la mujer puede requerir los siguientes procedimientos:
- registros diarios del ciclo menstrual para determinar si hay ovulación.
- examen de las secreciones vaginales para determinar si responden al tratamiento hormonal.
- exploración quirúrgica, generalmente laparoscopia, que consiste en pasar un instrumento semejante a un telescopio a través de la pared abdominal para apreciar condición del aparato genital.
- pasar un colorante a través de las trompas de Falopio para detectar si existe bloqueo al hacer el estudio radiológico.
- tomar muestras de sangre u orina para determinar los niveles de progesterona.
Se trata de un proceso absorbente, prolongado y frustrante, de forma que debe estar psicológicamente preparada para someterse a él. Es posible estimular con fármacos ovulación o la producción de un número; suficiente de espermatozoides.
Tanto el hombre como la mujer pueden usar las mismas sustancias químicas, aunque los resultados son mejores en la mujer. Primero se utiliza una droga bastante simple en dosis que aumentan gradualmente a fin de estimular la ovulación, hasta que ésta ocurra con regularidad. Si este tratamiento inicial fracasa, se puede pensar en una terapia hormonal. Cerca de dos terceras partes de las pacientes que reciben esta forma de terapia quedan embarazadas, generalmente al poco tiempo, transcurridos solo tres o cuatro meses. Con un ajuste cuidadoso de la dosis, cada día son menos frecuentes los embarazos múltiples. Sin embargo, en estos embarazos inducidos pueden ocurrir abortos espontáneos con una frecuencia de uno por cada ocho casos.
Infertilidad masculinaSon dos las causas principales de infertilidad en el hombre. Un bloqueo de los túbulos entre los testículos y el pene, y la producción inadecuada de espermatozoides.
Para poder descartar estos dos problemas es necesario acudir al especialista y efectuar exámenes de laboratorio. La producción inadecuada de espermatozoides implica tres tipos de deficiencias: un bajo recuento espermático, poca movilidad de los espermatozoides o grandes cantidades de espermatozoides anormales. Estas características deben estudiarse no solo en el laboratorio sino también en la mujer, después del coito.
Inseminación artificial
Si el esposo es impotente, la inseminación artificial con su propio semen puede producir un embarazo. Esto se conoce como inseminación artificial con semen del cónyuge. Sin embargo, si la causa es escasez de espermatozoides o gran número de espermatozoides anormales, se puede recurrir al semen de un donante. En muchos países se cuestiona la legalidad de este tipo de inseminación.
Algunos médicos consideran la inseminación artificial con semen de un donante como antiética y tienen derecho a rehusar cooperar. En los casos en que no hay problemas en la mujer, cuatro de cada cinco mujeres pueden concebir dentro de un lapso de seis meses después de iniciado el tratamiento.
Algunas parejas consideran la inseminación con semen de un donante como una especie de adopción, pero con más semejanzas entre ellos y este hijo que con el niño adoptado. Otro argumento en contra de la inseminación con semen de un donante es la preocupación social por sus efectos sobre el matrimonio y la familia. Los principales motivos de preocupación siguen siendo la ambigüedad legal sobre la legitimidad, la condición del niño y la culpabilidad de la esposa que recurre a este sistema sin el consentimiento de su esposo. De hecho, se trata de un tema sumamente delicado pues da lugar a dos consideraciones éticas: la inseminación artificial (como procedimiento) y la aceptación del semen de un tercero, ajeno a la pareja.
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